ESTAMBUL, CRÓNICA LITERARIA DE UN VIAJE INICIÁTICO /2

DÍA  1                       

Iniciamos el día en taxi hasta llegar al barrio de Eyüp. Un teleférico inaugurado en 2005 nos llevó hasta la célebre cafetería Pierre Loti, con unas vistas impresionantes. También se puede ascender a través de una escalinata que atraviesa el cementerio, público como un jardín, que no está cerrado, y lleva directamente a la cumbre de la Colina de Pierre Loti y a su cafetería – ¡qué rica patata-Escher nos tomamos ! – con mucha historia y llena de turistas, pero con el encanto de las vistas al Cuerno de oro y buena parte del gran Estambul.  Bajamos por la escalinata repleta de sombras y gatos…

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http://www.andalan.es/?p=6923  ( sobre Pierre Loti y Estambul)

 

El barrio de Eyüp es un lugar mágico, alejado del centro, al que podemos llegar en ferry por el Cuerno de Oro (Haliç), un bonito paseo fluvial, o en taxi. La Mezquita con la tumba de Eyüp, lugar de culto religioso musulmán es el centro del barrio, lugar de peregrinación y con un ambiente muy especial. Detrás de la Mezquita se encuentra el cementerio musulmán de Eyüp que se extiende por la colina como un manto blanco, o más bien, negro, fundido en el negro de los vestidos de las mujeres…

 

Fundido en negro

De día la vida palpita

desde innumerables rincones,

y en el centro de todos, la mujer…

Recatadas con el hiyab la mayoría,

son las herederas de aquellos harenes

de luz, cenit imposible de hermosura,

que hoy deambulan por casas desvencijadas

que ya no laten de magia.

La luz impone sus disfraces cuando

quien mira no es como tú,

y te llama la atención

el laberinto de velos y

largas ropas bailadas

con determinación y elegancia.

Huele a especias, a sol, a sal,

a brea marina en una actividad desmesurada.

 

Y llega la noche… y, pintado de oro,

llega el ocaso, cuya belleza traspasa

la lontananza y el tiempo.

Allá en Eyüp, los últimos niqab se confunden

con la oscuridad y  aquellas mujeres

inician la plegaria antigua y nueva,

siempre ellas, siempre hermosas,

esclavas  y serenas al tiempo,

mientras se abren las puertas de Estambul,

tan lejos y tan cerca, tan iguales y tan distintas,

al crepúsculo íntimo de familias

donde laten sin cesar el añil esponjado

de nuestro orillado Mediterráneo.

 

niqab estambul

Llegamos un viernes, festivo por tanto, con un ambiente popular muy denso, y a la hora de los actos religiosos. La mezquita estaba abarrotada, y los patios exteriores estaban plagados de alfombras donde los fieles, arrodillados, rezaban sus oraciones. Fue dificultoso pasar por entre tanta gente, en una mezquita sagrada porque se construyó en el lugar donde Abu Ayyub al-Ansari (en turco, Eyüp Sultan), adalid del profeta Mahoma, murió durante el ataque árabe a Constantinopla en 670. Su tumba es un importante lugar de veneración para los musulmanes. Algunas de las pertenencias personales de Mahoma se encuentran en el interior de la mezquita.

Estábamos en uno de los barrios más islámicos de toda la ciudad, y se veían todas las mujeres muy recatadas en sus vestimentas ( sobre todo niqabs ), siendo mamá una de las poquísimas turistas que había por allí y además con unos pantalones cortos que pronto se convirtieron en lugar de miradas. Mamá se empezó a encontrar a disgusto y no estuvimos mucho más tiempo por allá, haciendo algunas compras por la zona del cementerio.

TUMBAS EN LA CIUDAD,  de José Lupiáñez

Repica el agua en la verde maleza

que ahoga las tumbas de los antepasados:

estelas inclinadas y hundidas en la tierra

llevan grabadas frases que en su vida

los muertos idearon. Sentencias y deseos,

sueños tallados en la piedra.

Y ahora la lluvia toca sus pensamientos

y resuena también, verde y furiosa,

en la maleza que es su única amiga.

Dentro parpadean las lámparas de la mezquita

y se inclinan las sombras de los fieles.

Aquí fuera la lluvia, la lluvia que viene

de ese cielo tan gris, como el polvillo viejo

de los huesos; tan gris como el destino

de ceniza que a todos nos espera.

 

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De vuelta en autobús hasta el centro, el siguiente paso fue visitar la llamada MEZQUITA NUEVA,  situada en Eminönü, al lado de puente Gálata. La construcción de ‘Yeni Cami’ se prolongó durante sesenta y seis años, tiene el título de ser la mezquita cuya edificación duró más que ninguna otra. La construcción de esta mezquita fue acometida por el arquitecto Davut Aga en 1597 siguiendo las ordenes de la sultana Safiye (su nombre original era Bafo), de origen veneciano, madre de Mehmet III y esposa del sultán Selim II.

[[ El plano de la mezquita, con su cúpula central apoyada en cuatro semicúpulas elevadas encima de cuatro pilares maestros, es muy parecido al plano de la mezquita de Sehzade Basi de Sinan y al de la Mezquita Azul de Mehmet Aga. En esta mezquita se añadieron cuatro pequeñas cúpulas en las esquinas. La mezquita mantiene una exquisita armonía entre las cúpulas y su forma piramidal parece que se eleva hacia el cielo. La construcción de esta mezquita, la última de las grandes mezquitas que se levantó durante la época clásica otomana.

La cúpula central tiene 36 metros de altura y 17,5 metros de diámetro. Las vidrieras y la marquetería de sus ventanas y sus puertas son un elegante trabajo del arte otomano. Las cerámicas interiores no alcanzan la calidad que tienen otras mezquitas imperiales.

La Mezquita Nueva tiene cinco entradas, una de estas puertas se abre al patio exterior, rodeado de una galería de 24 cúpulas y 20 columnas. En medio del patio se encuentra una fuente. A dos lados de la fachada que da al patio interior hay dos minaretes con tres balcones cada uno. El Hünkar Kasri (pabellón imperial) decorado con cerámicas y que está pegado a la mezquita, la comunica con un paso arcado. También hay una rampa que sube al pabellón ]].

Aquí a la entrada, mamá y la abuela fueron abarcadas por un joven vendedor ambulante de perfumes y colonias de imitación  ( “mercado negro, señora, mercado negro” ) que fue despachado por la hábil estrategia dialéctica de la abuela.

Y llegó por la tarde la hora de ver la celebérrima MEZQUITA AZUL o MEZQUITA DEL SULTÁN AHMED (en turco, Sultanahmed Camii) que es obra de Sedefkar Mehmet Ağa, discípulo del arquitecto Sinan. Está situada frente a la Iglesia de Santa Sofía, separadas ambas por un hermoso espacio ajardinado, y es la única en Estambul que posee 6 alminares.

Su magnífico exterior no le hace sombra a su suntuoso interior – vidrieras que inventan otra luz – en el que una verdadera sinfonía de bellísimos mosaicos azules de Iznik, dan a este espacio una atmósfera muy, muy especial. Hubo un momento en que me pareció estar dentro de una catedral cristiana, con su roseta cambiando de colores a gran velocidad y creí oler un incienso de color cristal, algo parecido al mercurio que sube y sube en el termómetro de pétalos que rellenaban la cristalera.

 

De nuevo, José Lupiáñez escribe:

SULTAN AHMET CAMII       [La mezquita azul]

Con las manos detrás, sobre la espalda,

mirando hacia lo alto, al cielo,

del que son embajada las altísimas cúpulas,

camino descalzo por el mar de alfombras

de la Mezquita Azul… La mañana se filtra

a través de las alegres vidrieras

que inventan otra luz, otro modo de ser

del día; otra manera de ser de la luz,

que es ya emoción,

porque el corazón late más rápido.

Azulejos de ensueño, de verdes y de azules,

con el brillo de siglos y de gemas cautivas,

componen ese cosmos de geometría o locura:

tulipanes y ramos, claveles o planetas;

dorados laberintos en los que se quedaron

los ojos del calígrafo… Resuena aquí una fe

que es una brisa y una queja,

ese canto desde el mihrab lo afirma ahora,

y es un llanto que endulza de lejos la esperanza.

Genuflexos, los fieles prosiguen su liturgia

y se inclinan o besan un suelo de pisadas;

pisadas en lo santo de plantas temerosas…

Siento que tiembla el mundo y que aquí,

bajo el regio velamen de esta nave doliente,

-acaso un espejismo-, tiene mi vida

ese cobijo que, quizás, la redime…

“No puede ser, no puede ser -me digo-,

esta lujuria, esta explosión de luces,

este delirio que nos conquista la voluntad,

este oro que flota, este polen

al que el alma no sabe oponer resistencia”…

Aguardo a que termine la oración, un instante,

y me quedo a solas, bajo la inmensa corona

de lamparillas que llamean sobre mi cabeza.

Respiro el vaho sagrado que alimenta al espíritu

y ensueño junto a una columna de briosos nervios.

Dios está aquí, en esta desmesura,

en esta dolorosa fantasía de los hombres,

que oran con la cabeza cubierta

y tienen los dedos resecos

por las cuentas de sus rosarios.

Afuera el Mar de Mármara,

azul, como el color de los ojos de la favorita

es un mar calmo, de seda, un mar dormido,

en el que se han quedado varados los grandes navíos,

varados por el hechizo inexplicable de un deseo.

Por esta gran burbuja preferida y gigante

va mi vida errabunda; la luz y el salmo

 porque lejos de esta ilusión,

(que la retina mira con hambre,

por miedo a que se desvanezca),

la desventura sigue aguardando

con sus trampas secretas.

( El sueño de Estambul, de José Lupiáñez )

 

Otro poema sobre esta mezquita, místico y espiritual, dice así:

Hidden from a queue to bag shoes a woman nurses a child
under a wool scarf in the shadow two fluted minarets cast
pitched towards incessant sun, a necessity somehow an insult
to sharia law, no matter what sustenance a lemonwedge
of breast, God’s own, yields, puckering a tiny mouth
until bright eyes glaze to doll loll. Fairly alien to ponder
raw biology of milk conveyed by ducts lined with capillaries,
made from pouring stuff of stars: nourishment that manifests
minerals for bone from pulsing light.
Too close to the slickheat pushing out
between the legs of nearly every woman not your wife
but her as well? How could it be that her very being derives
solely from her relation to you, that she could have no value
in the calculus but to function as temptation, or its dome-
blue corollary, disappointment? No cover covers up
those integers holding the place of zeroes, Iznik tiles or after-
life virgins. Ostrich eggs on chandeliers don’t dissuade spiders.
If the fear of the Lord is not the beginning of our wisdom,
then La ilah ha il Allah is a breast in a mouth, else nothing is.

(  Ravi Shankar  )

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http://sanfe.com/index.php/360/turquia-2012/360-sultanahmed  ( vista de 360º)

 

Y llegó el esperado crucero al atardecer.  ¡El Bósforo!   ¿Qué decir del Bósforo?   En él todo se cuenta por cientos, por miles. Miles de peces pasan por sus aguas cristalinas, miles de aves, miles de barcos, energía pura que se vuelve vida, en vuelos rasantes de gaviotas, patos y golondrinas, en bancos de peces que nadan a sus anchas por sus limpias aguas, en embarcaciones, pequeñas, medianas y grandes, llevando dentro a sorprendidas personas, esos seres atascados, perdidos, desde hace años en búsqueda de la libertad y la belleza, a las que se aproxima en estas aguas.                                                                              

Como es costumbre una veintena de gaviotas sigue a nuestro barco, planeando sobre las aguas y tirándose en picado, en busca de pescados que el remover de sus hélices pueda dejar a la vista. Quiero creer que alguna de esas gaviotas se me ha quedado mirando, con sus ojos serios e intactos, mientras yo maravillado por su color blanquecino y por su elegante vuelo, le he devuelto la mirada, intentando averiguar que quería de mí…  ¡Oh, Estambul! bella tierra azul y verde,  quien pudiera ver uno de tus atardeceres una vez más, quien pudiera mezclarse con tu fauna, tocar tus aguas y comer de tus frutos una vez más ( ¡balik, balik! )

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Vuelta a Sultanahmed, vemos el Hipódromo (en turco: Sultanahmet Meydanı) que fue el centro deportivo y social de Constantinopla, capital del Imperio bizantino y que ctualmente es una plaza en la que sobreviven únicamente algunos fragmentos de la estructura original. Cenita en un rincón de la plaza, compartiendo mesa casi, con una pareja joven argentina, Antonio y María, muy simpáticos, y vuelta al hotel a descansar de un ajetreado e intenso día.

 

Cena con argentinos

 

DÍA  2                       

 

De nuevo la mañana la iniciamos en un taxi para ir HASTA SAN SALVADOR EN CHORA o Extramuros (indicando al taxista “Kariye Muzesi” o “Kariye Camii”, tuvimos una interesante charla sobre las ventajas de ser del Fenerbache en vez del Galatasaray ).  En el barrio de Edirnekapi se encuentra la Basílica de San Salvador en Chora (Kariye Camii), reconvertida posteriormente en mezquita y ahora en museo, donde se pueden admirar unos mosaicos bizantinos espectaculares y de una calidad artística única, del que es la principal atracción, sin duda vale la pena acercarse hasta allí.

Al llegar aquí nos encontramos con la desagradable noticia de que el interior de la iglesia estaba de obras de restauración, y sólo pudimos ver algo de las cúpulas interiores y fachadas….

Al salir de la iglesia, negros nubarrones se aventuraban a invadir la ciudad en una tormentosa y lluviosa mañana que nos obligó a coger un autobús para ir al centro, pero que no nos impidió llegar empapados al hotel. ¡Qué manera de llover! Nubes bordadas, infladas, rosadas, negras en el lino azul del cielo, como odres repletos de agua que caían con furia milenaria. Luego vimos la prensa y lugares emblemáticos, como Istiklal caddesi, que aparecían así:

inundaciones-estambul-istiklal

http://www.hispanatolia.com/seccion/2/id_cat,4/id,20698/las-lluvias-inundan-la-emblematica-avenida-istiklal-de-estambul 

Tras cambiarnos de ropa fuimos a ver SULEYMANIYE CAMII,  luego comimos en un kebab, bajando por una de las calles empinadas que llevan hacia los bazares. Primera parada en el bazar de las Especias y al hotel a descansar un rato.  Luego tranvía hasta Karakoy, y comenzamos a subir las empinadas cuestas hacia torre Gálata, aunque nos paramos antes a tomar un café turco en la terraza del restaurante Konak: ¡Qué vistas!  Sabíamos de las colas y dificultades para subir a lo alto de la torre y decidimos tomarnoslo más tranquilos disfrutando de las vistas de esta fabulosa terraza.

terraza konak

 

DESDE LA TORRE GÁLATA

Contempla allá esa luz

que hacia el poniente es sangre.

Esa luz que parece inventarse la ciudad

en sus atardeceres. Distinta cada día,

contémplala desde aquí y mira cómo asciende

desde la urbe que la sueña,

mientras se van haciendo eternos los perfiles

de cúpulas y de minaretes.

Quisiera el alma retener para siempre

este latido vivo que llega de la entraña

de la ciudad, este pálpito,

este rumor infinito de voces

que se mezclan y se contradicen.

Azota el viento el rostro y guarda el ojo

su lágrima penúltima

para gozar la acuosa imagen del milagro.

Por el Cuerno de Oro van mis sueños

que solté desde aquí, desde la Torre Gálata,

como un puñado de palomas.

 

( J. Lupiáñez, de El sueño de Estambul, Granada, 2004)

 

The Galata Bridge, de Orhan Veli Kanik

Hanging around on the Bridge,
Gleefully I watch all of you…
Out there, some of you row backward
Or pick mussels off the buoys;
Some clutch the rudders of barges
Or catch the ropes on the dock,
And the birds in flight, like poems,
And the glittering fish;
Then the ferryboats and floats,
Clouds drifting in the air,
Tugboats with funnels lowered
Glide quickly under the Bridge;
Over there, the whistles blow,
I watch the smoke curl up and go.
But all of you, all of you…
Struggle to make ends meet.
Am I the only one who has fun?
Never mind, maybe some day
I’ll write a poem about all of you,
Make a couple of bucks
And get something to eat. 

 

Al llegar la base de la torre empezaba a haber un animado corro de gente joven sentada en el suelo, en plan botellón, y decidimos sumarnos a ellos. Búsqueda de un lugar donde nos vendan cerveza, tras dar varias vueltas, salimos de un pequeño local con nuestra bolsa oscura y el preciado líquido.  Sentados allí, a los pies de la torre, empezamos a mirar al cielo y los negros nubarrones de la mañana volvieron a aparecer. Las primeras gotas de lluvia, las primeras carreras cuesta abajo para resguardarnos en algún lugar de un auténtico diluvio ( todavía recordamos aquel chaflán que nos sirvió de cobijo durante varios minutos )

Tranvía hasta Sirkeci y cena reconfortante ( aunque empapados ) en una pizzería frente a la parada del tranvía, buen ambiente, buen rollete con el camarero – ¡merengón él! – y paseíto hasta el hotel. Por fin había dejado de llover.

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